Myriam Stefford

Cuadro de Myriam Stefford.

Belleza, gracia y valentía son los atributos que definen a Myriam Stefford.
Margarita Rossi Hoffman, su verdadero nombre, nacida en Suiza, dejó Europa y los sets cinematográficos para casarse con el argentino Raúl Barón Biza y vivir en Argentina, país que quiso mucho.

Su marido la llevó en su avión despertando su pasión por el vuelo. Barón entregaba todo cuanto podía a su esposa. Así también, la animó a incursionar en la aviación, algo totalmente extravagante para las mujeres de esa época. Ella era “una mujer valiente, intrépida, capaz de todo”. El vuelo era solo un reto más para su joven espíritu. “Quiero iniciar un vuelo de largo aliento y llegar con mi avión donde nunca llegó otra mujer”, decía Myriam. Su gran anhelo era convertirse en la primera aviadora que uniera Argentina con Estados Unidos.

En poco tiempo Myriam consiguió el permiso de piloto civil y eligió como su instructor de vuelo a Luis Fuchs, un alemán veterano de la Primera Guerra. Su esposo le regaló un pequeño monoplano biplaza de ala baja, un BFW con motor de 80 caballos construido en madera de pino. Stefford bautizó el regalo de su marido con el nombre “Chingolo I”.

En Castelar el periodismo es testigo de uno de sus vuelos y comenta “—nos sorprendieron sus arriesgados virajes, sus caídas de hoja, sus tirabuzones y sus loopings-“. Cuando aterrizó contestando las preguntas de los periodistas dijo:
-He abandonado mis actividades teatrales y cinematográficas para consagrarme a la aviación. Ni el patinaje sobre hielo, ni la equitación, ni la natación, ni el automovilismo me han seducido tanto como la aviación—
El periodista contestó “ — ¡ Vuela Ud con una maestría envidiable ¡ –“
La respuesta fue “—Vuelo intensamente . Todos los días. Para mí constituye una verdadera obligación porque es uno de mis grandes placeres –“

El primer desafío que Myriam se propuso fue unir las capitales de catorce provincias argentinas. El 18 de agosto de 1931, junto a su instructor, comenzó el circuito partiendo del aeródromo de Morón. La primera etapa del recorrido terminó en Corrientes y, al día siguiente, volaron a Santiago del Estero. El tercer paso fue llegar a Jujuy, donde tuvieron los primeros inconvenientes. Al aterrizar chocaron contra un alambrado que destruyó el aeroplano casi por completo.

Myriam no se dio por vencida y aceptó un avión prestado por el piloto Mario Debussy. Entonces, acompañada siempre por Luis Fuchs, continuó su travesía y voló a Salta, luego a Tucumán y a La Rioja.

El 26 de agosto, cuando viajaban a San Juan, sobre la localidad de Marayes, el monoplano sufrió un desperfecto. La rotura de la avioneta terminaría con la vida de Myriam Stefford y la de su instructor.

“Quiero iniciar un vuelo de largo aliento y llegar con mi avión donde nunca llegó otra mujer”, decía. Barón Biza le había regalado un monoplano biplaza construido en madera de pino, y en ese avión, al que habían bautizado Chingolo, comenzaría el raid que la llevaría a la muerte.

En Alta Gracia (Córdoba), a la entrada de su monumento en forma de ala de más de 80 m de altura, en una vitrina, estaban el casco de Myriam, su reloj de vuelo y el timón del Chingolo II, y una losa con la siguiente leyenda: “Viajero, rinde homenaje con tu silencio a la mujer que en su audacia quiso llegar hasta las águilas”.

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