Se puede ver la pala de la hélice torcida y rota. Era una isla en un delta. Había que hacer caminos y puentes que llevaban la operación a costos superiores el avión, no había posibilidad de una pista porque era muy chica.
La longitud de la soga para colgarlo era una ecuación con dos variables. Si la soga era muy larga el avión iba a tener menos posibilidades de moverse y hacer péndulo lo cual era ideal para llevarlo pero reducía el efecto suelo en el despegue y requería mucha más potencia que en ese clima no estaba disponible. Si la soga era corta iba a ser fácil levantarlo pero en el traslado podía producir efecto de péndulo y provocar un accidente.
No había tiempo para titubeos así que tomé la distancia que tantos años de llevar carga me dictaron. Afortunadamente pude salir… llevarlo con mucho “julepe”… con muchos imprevistos…. pero con mucha paciencia…. y entregarlo sano y salvo. Fué una operación inédita y pionera.
En la fotografía estoy a la derecha midiendo el largo de soga para el vuelo estacionario.
La obra de Exequiel Martínez
Los rescates aéreos en Argentina son parte de la historia heroica de la aviación nacional. Exequiel Martínez, que participó personalmente en operaciones de rescate con helicóptero durante su carrera militar, conoce de primera mano el coraje que requieren estas misiones. En 1971 integró el equipo de rescate de la Base Matienzo en la Antártida, en una operación de 34 horas ininterrumpidas de vuelo. Esta experiencia directa da a sus obras una autenticidad única. Conocé la historia completa del artista en su biografía.
Los rescates en zonas remotas como la Patagonia, la Puna y la Antártida son parte fundamental de la historia de la aviación argentina. Los pilotos que los llevaron a cabo merecen el mismo reconocimiento que los héroes de guerra. Exequiel Martínez así lo entiende y dedica parte importante de su colección a estas misiones humanitarias.
